El mojigato, también conocido como meapilas. Los hay de dos tipos: los que se reproducen y los que no se reproducen. Sin los primeros no habría de los segundos y sin los segundos, no habría fachas. Su misión en este mundo se reduce a decirte lo que tienes que hacer para llegar al otro y, una vez allí, su papel consiste en hacer cola para ver a Dios. Odian la palabra "teta" y todo lo que tenga que ver con ella, así que si quieres mantenerte lejos, vete a la playa, las evitan para no ver a mujeres en top-less.

El clon. Vulgarmente llamado pijo. Habitan en la calle Serrano esquina con Juan Bravo y son como fotocopias. En invierno: chaqueta de punto, bufanda chillona, camisa de cuadros, cinturón ancho, pantalones vaqueros dos tallas más estrechos y zapatos de mocasín. En verano, igual pero con un polo. Ellas sustituyen los zapatos por botas hasta las rodillas. Por lo demás, la única diferencia es la altura. Y el pelo. Ellos lucen la típica melenita con raya a un lado y esa sensación de que una vaca les ha pasado la lengua por la cabeza. Ellas, mechas, mechas y más mechas. Lugar de reunión preferido: La Botellita.


El esqueje o padawan. Vulgares imitaciones de los anteriores. Hacen lo mismo y dicen lo mismo, pero por alguna extraña razón nadie les reconoce por ello. El padawan vive por y para su maestro. No es que sean sectarios, es que simplemente no tienen criterio propio.
El casposo. Suelen ser feos, gordos y superan la cincuentena. A diferencia del clásico paleta de obra, ellos gritan sus ocurrencias en mitad de programas televisivos. O peor, las dejan por escrito en libros. Cuando eran pequeños, se tomaron demasiado al pie de la letra aquello de que Dios creó a Eva a partir de una costilla de Adán. Para ellos, las mujeres son como objetos decorativos.

El converso. Antiguamente era un progre. Pero un buen día, alguien le quitó el puesto en el partido y decidió cambiarse de bando. Por lo general, sus planteamientos son casi idénticos a los que tenía cuando era progre, solo que ahora sustituye un par de sustantivos y nombres propios por los del nuevo rival político. Ellos no son chaqueteros, ellos son "independientes". José Luis Balbás, Cristina Alberdi...

El lacayo. No importa lo que haga el partido al que defienden porque, sea lo que sea, estará bien. Por la misma regla de tres, tampoco importa lo que hagan los rivales políticos porque siempre estará mal. En realidad, los lacayos son la versión facha de María Antonia Iglesias o Enric Sopena, pero sin gritos. Su paradigma es Federico Quevedo.

El patriota. Su vida es una cruzada para defender a España de los ataques del separatismo catalán y vasco. Cuelgan banderas en sus balcones y sueñan con un país en el que el himno nacional suene en los colegios a primera hora de la mañana. Oir a Aznar diciendo aquello de que hablaba catalán en la intimidad creó más de un trauma entre esta subespecie.

La verdad es que al final son todos bastante clones, ¿no?

El libertario. Afirman que su doctrina es el liberalismo, pero en cuanto te separas una coma de sus consignas, te hacen una cruz y te excomulgan in saecula saeculorum. Su tolerancia hacia cualquier idea que discrepe de sus puntos de vista es inversamente proporcional a su egocentrismo. Los libertarios no hacen debates, hacen tertulias, que son algo así como reuniones monotemáticas en las que gana el que dice la mayor burrada. Su gran exponente y líder es Federico Jiménez Losantos.

El casposo. Suelen ser feos, gordos y superan la cincuentena. A diferencia del clásico paleta de obra, ellos gritan sus ocurrencias en mitad de programas televisivos. O peor, las dejan por escrito en libros. Cuando eran pequeños, se tomaron demasiado al pie de la letra aquello de que Dios creó a Eva a partir de una costilla de Adán. Para ellos, las mujeres son como objetos decorativos.

El converso. Antiguamente era un progre. Pero un buen día, alguien le quitó el puesto en el partido y decidió cambiarse de bando. Por lo general, sus planteamientos son casi idénticos a los que tenía cuando era progre, solo que ahora sustituye un par de sustantivos y nombres propios por los del nuevo rival político. Ellos no son chaqueteros, ellos son "independientes". José Luis Balbás, Cristina Alberdi...

El lacayo. No importa lo que haga el partido al que defienden porque, sea lo que sea, estará bien. Por la misma regla de tres, tampoco importa lo que hagan los rivales políticos porque siempre estará mal. En realidad, los lacayos son la versión facha de María Antonia Iglesias o Enric Sopena, pero sin gritos. Su paradigma es Federico Quevedo.

El patriota. Su vida es una cruzada para defender a España de los ataques del separatismo catalán y vasco. Cuelgan banderas en sus balcones y sueñan con un país en el que el himno nacional suene en los colegios a primera hora de la mañana. Oir a Aznar diciendo aquello de que hablaba catalán en la intimidad creó más de un trauma entre esta subespecie.

La verdad es que al final son todos bastante clones, ¿no?
jajajajajaja!!!! Te has superado!!!! XD
ResponderSuprimirJijiji, muchas gracias, aunque me sigue gustando más escribir sobre progres, se me dan mejor :)
ResponderSuprimirAlon, yo creo que tú eres un poco lacayo :P
ResponderSuprimirMuy bien, dando cera a diestro y siniestro jeje
Venga hombre, no seas modesto ¿cómo que te consideras un poquito facha?. FACHA con mayúsculas.
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