jueves, 3 de marzo de 2011

El hermano tonto

¿Cómo es posible que un pueblo culto y moderno como la Alemania de principios del siglo XX sucumbiera a los delirios de un chiflado como Adolf Hitler? Es una pregunta para la que hasta hoy no había logrado encontrar una respuesta que me convenciese.

Sin embargo, este artículo del socialista Gustavo Vidal me ha sacado completamente de dudas. En él, el columnista de El Plural se lamenta de que personas que no son de su cuerda ideológica o que simplemente no concuerdan con los cánones de lo que para él debería ser un ciudadano ejemplar como Federico Jiménez Losantos, Hermann Tertsch, Ana Botella e incluso Belén Esteban o Fernando Alonso no puedan ser deportadas a un campo de concentración en Siberia. Atención, porque para este sujeto el simple hecho de criticar una medida como los 110 km/h es motivo suficiente para ir directo al gulag. Alucinante.

Si una persona formada como Gustavo Vidal, que ha tenido acceso a una educación de calidad, que vive en una democracia, que goza de una conexión a internet, que está perfectamente informado y que además tiene un hermano que es de derechas, es capaz no solo de pensar, sino de expresar públicamente semejantes barbaridades en pleno año 2011, se entiende perfectamente que en la Alemania de los años 20, con una sociedad mucho más susceptible a la propaganda y la falta de información, calaran las ideas de Hitler y compañía.

No estaría de más que el señor Vidal midiera un poco más sus palabras, o por lo menos pensara un poquito las cosas antes de escribirlas alegremente. Los gulags soviéticos no eran ninguna broma y todavía funcionan en regímenes como Corea del Norte, donde el mero hecho de intentar salir del país acarrea una muerte casi segura, previa tortura en un campo de concentración para quien intenta escapar y para toda su familia. Ya les gustaría a los disidentes de los regímenes comunistas ser simplemente "ignorados" o mandados a picar piedra, como sostiene este cateto cegado por el odio y el sectarismo.

Otrosí. Discursos abiertamente xenófobos y racistas como los que sostienen desde hace meses los dirigentes del PP catalán, incluida la propia Alicia Sánchez Camacho, también ayudan a entender el fenómeno del nazismo en la Europa del siglo XX.

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