lunes 14 de noviembre de 2011

Conviene que haya tensión

Si algo ha demostrado el PSOE a lo largo de sus más de cien años de existencia es que es incapaz de ganar unas elecciones en una situación de tranquilidad. Si nos fijamos, prácticamente todas sus victorias electorales han venido precedidas de largos periodos de crispación social, cuando no de acontecimientos traumáticos para la sociedad. Como muy bien reconoció Zapatero ante un Iñaki Gabilondo que no se cortaba en animarle a hacerlo, los socialistas necesitan "generar tensión" para obtener un resultado favorable en las urnas.


En realidad, esto tiene una explicación bastante lógica. Desde la caída del Muro, todo el programa de la izquierda se ha reducido básicamente a evitar que la derecha llegue al poder. Apenas hay ideas, solo bandazos y más bandazos, ya sea en temas económicas o sociales. Un ejemplo lo tenemos en los derechos de los homosexuales, un colectivo al que el PSOE no prestó la más mínima atención hasta que vio en él un suculento caladero de votos (poca gente sabe que las primeras comunidades autónomas que regularon las parejas de hecho gays fueron Cataluña, Valencia y Madrid, todas ellas con gobiernos conservadores, y que esto ocurrió durante el denostado aznarismo). Lo mismo ocurre con las mujeres: a los socialistas se les llena la boca con eso de la igualdad, pero no hay ni una sola mujer de izquierdas con poder real en España, mientras que la derecha tiene cuatro presidentas de comunidad autónoma. Y así con tantas y tantas cosas: Otan sí, Otan no, etc.

Pero me voy del tema. Una vez más, el PSOE ha decidido jugar las bazas de la crispación y la propaganda zafia para concurrir a unas elecciones. Nuevamente, el doberman sale a pasear y a ladrar. Así, y tal y como sucedió en la campaña electoral de 1996 con aquellas imágenes distorsionadas de Aznar, o más recientemente en las europeas de 2008, donde los votantes del PP eran identificados con neonazis, los socialistas llegan ahora con unos vídeos que harían revolverse al mismísimo Goebbels.


En el primero de ellos podemos ver a un niño pijo repelente y encorbatado (futuro votante del PP, por supuesto) tratando a su niñera como si fuera una esclava. En otro, que ha tenido que ser retirado, veíamos a un enfermo muriendo en una cama de un hospital por la falta de médicos debida a los cacareados recortes. Por si fuera poco, ayer mismo, una plataforma de apoyo a Rubalcaba lanzaba un spot en el que se veía a una interventora del PP impidiendo votar a un ciudadano negro. Hay más ejemplos, pero creo que estos tres valen.


Si la derecha fuera como la izquierda, el PP habría respondido a estos disparates con vídeos en los que veríamos a un parado rebuscando en un contenedor de basura, a una familia de cinco miembros yendo a un comedor de Cáritas o a un pequeño empresario en quiebra tirándose de un puente. Aunque parezca mentira, ese es el nivel al que algunos pretenden llevar la campaña. Sin embargo, el PP es incapaz de llegar a esos extremos, y lo es no solo porque sería imperdonable en un partido con vocación de gobierno, sino porque sus propios votantes no aceptarían semejante insulto a su inteligencia. Por no hablar del justificado escándalo que causaría algo así en el conjunto de la sociedad, que acostumbrada a las idas de olla de las campañas socialistas, es mucho más laxa a la hora de tolerar el simplismo y la chabacanería del "partido de los trabajadores".

Por si fuera poco, el brazo propagandístico de los socialistas, el diario nada independiente El País, ha empezado a calentar los últimos días de campaña con noticias sobre muertes en hospitales públicos de comunidades gobernadas por el PP y CiU (otra de las bestias negras de la izquierda cuando no pacta con el PSOE) debidas supuestamente a los recortes en el gasto público. No importa que se trate de casos que ocurrieron hace meses o incluso años, y que seguramente respondan a las clásicas aunque no por ello menos tristes negligencias médicas que ocurren todos los días y en todas partes del mundo. Lo vital ahora es caldear el ambiente, tener a mano un pásalo para arañar un puñado de votos. O, como diría Zapatero y suscribiría Gabilondo (quien causalmente hoy, a cinco días de la previsible victoria del PP, titula su sermón diario con la frase "Adiós, democracia"), conviene "generar tensión".

Espero que esta vez la cosa quede aquí, que los españoles no tengamos que vivir de nuevo un 13-M con asaltos a sedes del Partido Popular porque alguien ha recordado que, en este país, la utilización de la desgracia ajena con fines electorales funciona. Espero que estos vídeos y estas técnicas de agitprop solo sirvan como ejemplos de juego sucio en los futuros manuales de propaganda política. Y espero que el PSOE pierda por mucho, para que se acuerde de que ya no vivimos en 1996 y que estas estrategias electorales ya no funcionan, sino que quitan votos.

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