sábado, 31 de diciembre de 2011

Decepción total

La cara de tontos que se nos quedó ayer a muchos cuando Soraya Sáenz de Santamaría anunció que el Gobierno va a subir los impuestos debió de ser muy parecida a la que pusieron en mayo de 2010 la mayoría de votantes Zapatero, cuando el ex presidente dio un giro a todo lo que había dicho y prometido durante los 6 años anteriores y llevó a cabo el mayor recorte social que ningún Ejecutivo había perpetrado hasta entonces.

Fue un mazazo oír a los mismos que hasta hace apenas unos días despotricaban contra las subidas de impuestos y las políticas socialdemócratas anunciar una revisión al alza del IRPF y del IBI, dos impuestos que perjudican básicamente a la nunca suficientemente exprimida clase media. Por si fuera poco, el Gobierno empleó una expresión insultante, muy del estilo del anterior Ejecutivo, llamando a esta subida "complemento temporal solidario", como si la solidaridad fuera algo obligatorio, y no voluntario; como si fuera una adhesión de los pobres a la causa de los ricos, y no al revés.

La cara de poema de Luis de Guindos

Ayer, el Gobierno perdió cualquier credibilidad, si es que alguna vez la había tenido. España y Europa esperaban un plan minucioso y elaborado para salir de la crisis y empezar a crear empleo, y lo que nos encontramos fue un ajuste al tuntún en varias partidas de gasto público y un aumento de los impuestos que había sido negado vehementemente hasta el minuto antes.

¿Para esto se encerró Rajoy dentro de su despacho después de las elecciones? ¿Dónde están las reformas estructurales? ¿Dónde el cambio de modelo productivo? ¿Y la lucha contra el fraude fiscal? Pasar la tijera podía hacerlo cualquiera. Es muy fácil, solo hay que coger los Presupuestos y decir "corto de aquí, de allí y de allá". Para eso no hacía falta un cambio de Gobierno.

Rajoy, encerrado en su despacho

Ayer, los que votamos por un gran cambio vimos cómo los partidos, los sindicatos y las organizaciones empresariales seguirán chupando del erario público, aunque sea un poquito menos. El cine seguirá estando subvencionado; las autonomías, las diputaciones y los innumerables ayuntamientos seguirán despilfarrando dinero por culpa de la burocracia, las duplicidades y los privilegios de que goza la casta política, amén de esas maquinarias de propaganda apodadas eufemísticamente como "televisiones públicas".

Por contra, los funcionarios verán reducido su poder adquisitivo, los más débiles no podrán seguir acogiéndose a planes de dependencia y los autónomos y pequeños empresarios seguirán siendo expoliados aunque no presenten beneficios en sus cuentas de resultados. Como guinda, el político de turno podrá cerrarnos una página web sin la previa autorización de un juez.

Del PSOE y los oportunistas que hasta hace más o menos un mes aplaudían los recortes de Zapatero y pedían más subidas de impuestos, mejor no decir mucho. Esta situación se la debemos básicamente a ellos y lo mejor que pueden hacer es esconderse y quedarse bien calladitos. Sin embargo, Rajoy prometió que no se escudaría en la herencia recibida, cosa que también incumplió ayer. Qué decepción de inicio de legislatura. Feliz 2012.

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