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martes, 25 de enero de 2011

Paella de marisco

Hoy tenía pensado escribir un post sobre la ley Sinde, pero cuando iba por la mitad me he dado cuenta de que todo lo que había dicho no tenía ningún sentido. Bueno, en realidad sí lo tenía, pero era todo tan inconexo y tenía tan poca relación con el título que me ha dado pereza continuar.

Así que he decidido dejar el tema para otra ocasión y desvelaros mi receta súper secreta de paella de marisco. La improvisé este domingo y salió exquisita.

He aquí la paella:


He aquí los ingredientes para 2 personas:

  • Una taza y media de arroz
  • Un calamar mediano entero
  • Medio pimiento rojo
  • Cuatro vainas de judías verdes
  • Cinco langostinos cocidos
  • Diez almejas
  • Media pastilla de caldo de pescado
  • Aceite de oliva virgen extra
  • Pimienta
  • Sal

He aquí el modo de preparación:


- Calentar un buen chorro de aceite en una sartén mediana. Cortar el pimiento y las vainas de judías verdes y sofreír.

- Cuando el sofrito esté dorado o más bien tirando a chamuscadito, echar el calamar previamente cortado. Dejar que se fría un rato.

- Mientras tanto -o mejor antes, para ahorrar tiempo y evitar que se nos queme lo que tenemos en la sartén-, cortar las cabezas de los langostinos y echarlas junto a las almejas en un cazo con agua hirviendo y sal. Esto nos proporciona un magnífico caldo.

- También aprovechamos para extraer los exoesqueletos a los langostinos (¿a que nunca habías oído la palabra exoesqueleto en una receta de cocina?).

- Cuando el pimiento, las judías y los trozos de calamar estén hechos -tarda muy poquito-, echar el arroz y remover la mezcla. A continuación, echar el agua del cazo hasta cubrir el arroz por encima de... yo qué sé, ¿medio dedo? ¿Un dedo?

- Echar media pastilla de caldo de pescado, pimienta, un poco más de sal, remover y echar los langostinos pelados.

- Dejar que se vaya haciendo durante unos 20 minutos. Si ves que te quedas sin agua y el arroz todavía está duro, siéntete libre de echarle más. Si te has pasado, no te preocupes, el arroz caldoso está muy de moda.

- Cuando esté hecho, poner un trapo de cocina limpio sobre la sartén y dejar reposar unos 10 minutos.


He aquí el plato:


Bon appétit.

PD: No caer en la tentación de echarle cebolla. Según los valencianos no le va bien al arroz.

miércoles, 1 de julio de 2009

El sueldo de Kaká

Este país da pena. Enciendo la tele por la mañana y me encuentro a los cuatro pelagatos de siempre intentando arreglar el mundo, esta vez a base de criticar el sueldo del nuevo fichaje del Real Madrid. "Con esa cantidad sacan de la ruina a un país africano"; "10.000 parados vivirían un año con ese dinero"... ¡Viva la demagogia! Y la envidia, deporte nacional de los españoles.

¿Qué más le dará a la gente lo que cobra un jugador de fútbol de un club privado? Desde Izquierda Unida han llegado a tachar el sueldo de Kaká de indecente. Manda narices que sean precisamente los 
políticos, que viven como parásitos nutriéndose del dinero ajeno, los que se lleven las manos a la cabeza con este tipo de asuntos. Si tuvieran un mínimo de vergüenza, se esconderían debajo de las piedras cada vez que sale a la palestra un tema relacionado con los salarios. 

Y hablando de salarios, no puedo dejar de comentar la última y populista medida contra la crisis anunciada por Esperanza Aguirre: reducir el sueldo a los altos cargos de su gobierno autonómico... ¡un 2 por ciento! ¿Nos toma por idiotas? O sea, que en vez de ganar 100, ganarán 98. Pobrecitos... Y por favor, que no me vengan con lo de siempre, con que no es suficiente pero que va en la buena dirección... En la buena dirección iría reducir a un tercio el número de altos cargos y bajarles el sueldo un 50%. Cualquier otra cosa es populismo de la peor especie.

miércoles, 3 de junio de 2009

Operación bañador

Ayer asistí a mi segunda clase de Spinning en el gimnasio y tengo que decir que cada vez me gusta más esta modalidad de entrenamiento aeróbico. El día cero quise morir. Tenía la bicicleta mal regulada y las rodillas me chocaban contra el manillar, así que abandoné a los 15 minutos. Luego llegó la primera clase completa -con la bici ya bien configurada- y fue todo mucho más llevadero. Ayer, otros 45 minutos durante los cuales no paré de moverme al son de las canciones que nos iba poniendo Gerar, el monitor más enrollado, simpático y atento que he conocido en mi corta -aunque no reciente- carrera hacia la vigorexia.

El Spinning es un deporte duro. Te pasas tres cuartos de hora pedaleando arriba y abajo al ritmo de una música en general animada y acabas sudando hasta por los ojos, pero hay que reconocer que es de lo más divertido y fácil que se puede hacer en un gimnasio. Se realiza en grupo, no requiere ninguna técnica y, lo más importante, no te acaba aburriendo como la cinta, la bicicléta estática o las mismas máquinas de musculación. Además, al final de la sesión, si has hecho bien los deberes, puedes perder hasta unas 1.000 calorías. Una ganga, vamos.

Es un deporte que, por si fuera poco, ayuda mucho a reducir la ansiedad y el estrés que a todos nos producen los vídeos electorales made in PSOE (lo siento, no he podido evitarlo, jejeje). Así que nada. Hoy volveré. A las 7 de la tarde en punto. A perder peso y tonificarme mientras bailo en una bicicleta. Luego, unos largos en la piscina, y a casa. Lo recomiendo.

viernes, 6 de febrero de 2009

Sex in the Plantation

Extracto de la segunda parte de Sex in the Plantation, futuro récord de ventas si es que llega a publicarse algún día.

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-¿Muerta?-.

-Sí, hemos encontrado su cadáver en la orilla del río. Unos niños lo vieron flotando corriente abajo mientras pescaban.- dijo el general Hawk-. Siento ser portador de tan funestas noticias, señores Kendal-.

-Muchas gracias, general. Ha sido muy amable al venir a darnos la noticia en persona-.

-No hay por qué darlas. El cuerpo de la difunta llegará mañana. ¿Quiere que le diga a alguien que…?-.

-No hace falta. Lo recogeré yo mismo. No queremos causar más molestias al Ejército Confederado-.

-Como usted guste, comandante... A sus pies señora-.


Diciendo esto el general Hawk abandonó la estancia. Sam (el criado) lo acompañó a la puerta. En el salón azul reinaba un silencio sepulcral. Los padres de la pequeña Suellen estaban en estado de shock. Sobre todo Madelaine, quien no había pasado por una muy buena temporada en el plano emocional.


-¡Muerta! ¡Nuestra hija está muerta! ¡Nuestra única hija está muerta! ¿Te das cuenta de lo que eso significa? Ya no volveremos a verla nunca más. Y todo es por mi culpa, nunca supe darle toda la atención que ella se merecía. Sí. ¡Yo la he matado! ¡Yo la arrojé a ese río de aguas heladas! Yo…-.

-¡Basta! ¿Quieres controlarte mujer? Nadie ha matado a Suellen, así que haz el favor de calmarte-.

- A lo mejor se han equivocado. ¿Cómo saben ellos que la persona preadolescente que hallaron en estado de constantes vitales nulas era nuestra pequeña y adorada hija? Según dijo el general, el rostro de la susodicha se hallaba en un estado de deterioro supino a causa de las repentinas contusiones contra el pétreo suelo del río. Nuestra hija nunca se quitaría la vida, se quería demasiado para hacer tamaña estupidez-.

- Nunca se sabe la de cosas que pueden pasar por la cabeza de una suicida. Algo debería atormentarla de manera sublime para llegar al estado del homicidio- sentenció Richard.


Se volvió a hacer el silencio en la habitación. Una ráfaga de viento movió el móvil de cristal de murano azul cielo que, años atrás, la pequeña Suellen había fabricado para deleitarse con su sonido las cálidas tardes de verano. El suave tintineo de los cristales al chocar entre ellos trajo a la cabeza de Madelaine un sinfín de recuerdos olvidados hasta ese momento. Veía a su hija correr por el jardín con su melena al viento, oía su risa entre los rosales trepadores chinos donde se escondía para que ella la buscara... Veía sus ojos chispeantes cuando le regalaron su primer caballo. Muchas más imágenes y sonidos de su juventud pasaron por su cerebro como un huracán, al tiempo que el tintineo de los cristales se hacía más y más intenso. Toda la habitación daba vueltas. Veía la cara destrozada de su hermosa hija gritando en la gélida corriente del rió. La llamaba. No podía soportarlo. Lanzando un descomunal grito, sé echó al suelo y se agarró a la pierna de su marido, que la miraba con sus brillantes ojos azules.


-¡¡No puedo creerlo!! ¡¡Dime que no es cierto!! ¡¡Dime que mi hija no ha muerto de manera tan vil!!-.


Dicho esto, Madelaine se desmayó.


miércoles, 4 de febrero de 2009

Lluvia

Me encanta ver llover a través de la ventana. Es relajante. Me pongo una peli (en este caso La Duda) y oigo las gotas de fondo caer sobre el cristal.


Maravilloso.