Dicen que lo de Irak fue distinto. Que en ese momento Saddam no estaba masacrando a su pueblo, que el pretexto de las armas de destrucción masiva era mentira y que no había resolución de la ONU.
Las dos últimas cosas son verdad. Ni había armas de destrucción masiva (aunque esto se demostró después) ni había un resolución explícita de la ONU para iniciar la invasión de Irak. Pero Saddam nunca dejó de masacrar a su pueblo.
Y ese es el motivo por el que, dicen, el Consejo de Seguridad de la ONU ha aprobado intervenir militarmente en Libia. Porque hay un lunático atrincherado incapaz de comprender los deseos de libertad de su pueblo.
Irak fue un error. No la guerra en sí (derrocar a un tirano sanguinario siempre es para bien), sino el aventurarse a ella sin un mayor consenso internacional. Eso dio alas a lo que vino después. Pero al menos nunca vimos a Bush, Blair o Aznar haciendo manitas con el dictador.

La intervención en Libia estaba cantada. Después de pasarse semanas vacilando, a la comunidad internacional no le quedaba otra. Si dejaban que Gadafi recuperara el control, ¿con qué cara le iban a explicar a los ciudadanos que mantienen los contratos petrolíferos con su régimen? En realidad, se trata de dinero. Si fuera por motivos humanitarios, habría que invadir medio mundo, empezando por un par de miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU.




